Recientemente terminó el clásico RCN, última gran competencia de la temporada ciclística 2019 en Colombia y los resultados para el equipo Boyacá es Para Vivirla fueron realmente pobres. El mejor representante de la escuadra boyacense quedó ubicado en el puesto 19 de la general, a 4minutos y 48 segundos del campeón Oscar Sevilla.
Con la conclusión del Clásico, también se cerró el ciclo competitivo de la escuadra élite Boyacá es Para Vivirla en los cuatro años de la administración del gobernador Carlos Andrés Amaya Rodríguez, con los resultados más pobres en la historia del ciclismo boyacense, guardadas las proporciones, frente una altísima inversión económica que para muchos observadores rayó en el despilfarro.
El propio Amaya en su cuenta de twitter dijo haber destinado por lo menos 20 mil millones de pesos para el ciclismo, de los cuales más de la mitad se fueron en el “proyecto” profesional. Igual surge el interrogante: ¿en dónde están las cuentas de estos recursos?

Fueron cuatro años nefastos en los que se pasó en blanco en la Vuelta a Colombia (2016, 2017, 2018. 2019) sin ganar si quiera una etapa y no quedar ningún representante del equipo entre los diez primeros de la general. La ausencia de resultados llegó al punto que ni siquiera se consiguió título alguno en la Vuelta a Boyacá de estos mismos años.
El “gran balance” del cuatrienio ciclístico se resume en haber ganado cuatro etapas del Clásico RCN en el año 2017, dos de ellas por un ciclista que posteriormente fue señalado de utilizar sustancias prohibidas. El otro logro, en esa misma competencia, fue en 2016 cuando uno de sus representantes quedó noveno en la general final.
Los resultados hablan por sí solos y las cifras también, pues hay que recordar que en 2016 la apuesta fue por demás estrafalaria, al conformar un equipo de categoría continental que por costos y objetivos, reñía con la misión del fomento deportivo que mueve a un ente territorial. Dicho grupo viajó a Europa a carreras poco o nada conocidas y regresó nada más que con un escándalo por gastos altamente cuestionados, incluso por la Contraloría Departamental.
Por lo demás, desorden y anarquía al interior de un equipo que, como todos en el círculo ciclístico del departamento saben, siempre se diseñó bajó el antojo e interés del corredor Nairo Quintana, quien entregaba la lista de los ciclistas, del cuerpo de auxiliares y asistentes, con honorarios incluidos, al respectivo gerente de Indeportes, el cual no tenía más influencia que seguir la respectiva “orden”, pues tenía el visto bueno del mandatario seccional. Incluso para sostener hasta el final al director técnico Oliverio Cárdenas, pese a los malos resultados y quien orientaba muchos de los entrenamientos a distancia.
Esta no es más que una mirada pasajera a la realidad, del equipo profesional de ciclismo Boyacá Es Para Vivirla, porque de fondo hay mucha tela de donde cortar sobre al cumulo de irregularidades que lo rondaron a lo largo de los últimos cuatro años. Es un balance que se cae por su propio peso, o por sus propios pesos, porque al final el llamado costo beneficio deja el saldo en rojo aclamado.
