“muchos de nuestros compañeros hoy estarían vivos si el servicio de salud para el magisterio fuera eficiente”. Esa frase se la escuché en medio de mi ejercicio periodístico a algún dirigente sindical de Boyacá, ya hace unos cuantos años y me quedó sonando, porque sentí la angustia y sensación de impotencia con la que la dijo. Además, porque igual, reflejaba el sentir de todos los sectores de la sociedad colombiana, especialmente de las clases populares, que cuando tienen alguna dificultad de salud, la única alternativa que les queda es recurrir al desprestigiado sistema de nuestro país.
Por eso, cuando se habló del cambió en el modelo de salud del magisterio, muchos celebraron alborozados, porque se acabaría ese mal servicio del que se quejaban los docentes en varias regiones de Colombia.
Pero se llegó el día del cambio y de ese servicio “medio regular”, se pasó al caos total y al enorme temor de los profesores y sus familias, de no saber a quién acudir mientras la enfermedad avanza.
Para el caso de Boyacá, se truncaron los procesos de atención, se cancelaron intervenciones, no se consiguen autorizaciones, no hay suministro de medicamentos, especialmente de alto costo, no hay red contratada, no hay operadores que garanticen el servicio de especialidades, pero peor aún, no hay a quién ponerle la queja, pues la comunicación con el Fomag o la Fiduprevisora, entidades responsables del proceso, es nula. Mejor dicho, fue peor el remedio que la enfermedad.
Hoy, se siguen echando culpas unos y otros entre Gobierno, Fiduprevisora, Fomag y Fecode, especialmente esta última que a “ojo cerrado” apoyó las posturas del gobierno nacional, sin analizar o preguntarse por el proceso de implementación, porque cuando se habla de salud, aquella frase dicha en su momento por el ministro del ramo, de que “por el camino se arreglan las cargas”, no aplica, porque quién sabe cuántos muertos más signifique el mencionado arreglo.
Lamentablemente, la improvisación y falta de planeación, generaron esta problemática, que hoy permite, casi sin derecho al reparo, que sectores poco afines al gobierno digan, hablen, murmuren sobre un modelo, que sobre el papel tiene muchas bondades, al menos eso han dicho los mismos afectados, pero cuya entrada en operación lo está matando y requiere de una intervención urgente, porque comienza a hacer metástasis en la reforma general a la salud.
Por eso, y aunque suene insensible, los maestros pudieron haberse convertido en “ratones de laboratorio”, para que, si se materializa la Reforma a la Salud, no se repita tamaño error a la hora de ponerla en marcha.
