Confieso que la primera vez que escuché este particular adagio, tuve que mirar al techo, y luego asumir la postura del “Pensador”, famosa escultura de François Rodin, para entender que lo que me quisieron decir, en términos castizos es “me vale huevo”.
Por eso ahora, ya no debo adentrarme en profundos análisis semióticos e incluso sociológicos y del conocimiento, para entender que esa es la frase que marca la ruta teórica del comportamiento del alcalde de Tunja, Mikhail Krasnov.
Pero como no lo conozco, más allá de lo que ha sido su corto proceso en lo público, no podría afirmar que ese sea su comportamiento de vida, solo puedo pensar que tan pronto el desesperado pueblo tunjano lo ungió con el bálsamo del poder, lo poseyó un autismo político en el que todo y todos le valemos huevo.
Esa es la única razón para entender que Krasnov, en medio del copioso número de escándalos por supuestos hechos de corrupción, no se inmute y crea que no le debe dar explicaciones concretas a su jefe natural. Solo por mencionar un dato estadístico suelto: según el personero de Tunja, Nelson Andrés Villabona Rueda, en la historia de esa entidad, no habían llegado tantas denuncias contra una administración municipal, en tan corto tiempo.
Como veo las cosas, Krasnov no comprende que la dignidad que ostenta se la entregó el pueblo tunjano y como tal, ese pueblo es su jefe, al que le tiene que rendir cuentas de cada una de sus actuaciones buenas, regulares o malas.
Nunca pronunció palabra alguna sobre los escándalos por supuesto acoso sexual que rondaron su despacho, permanece mudo frente a contratos tildados de irregulares y amañados como el del servicio de vigilancia para las dependencias de la alcaldía o el de bienestar del adulto mayor, o la numerosa vinculación de personal sin cumplimiento de requisitos.
Tampoco dijo ni mu, sobre el bochornoso escándalo que significó la salida de su amigo personal, el secretario de Infraestructura Germán Darío Mora Pérez, quien en su carta de renuncia señala que recibió instrucciones “éticamente cuestionables y potencialmente ilegales” al pretender violar la ley de contratación para favorecer a terceros.
Así podríamos seguir la larga lista de hechos aparentemente irregulares, que casi a diario rondan las actuaciones de la administración Krasnov, tildada además de maltratadora y humillante, porque, sumados al alcalde quien encabeza la lista, varios de los que allí consiguieron un tufillo de poder, ahora se creen seres divinos y superiores.
Otra cosa que refuerza el “soy de palo, tengo orejas de pescado” o “me vale huevo”, es el inocultable descaro ante actuaciones vergonzosas como la presunta compra del abogado que lo demandó y la aparente manipulación de la justicia que lleva su caso por nulidad electoral, a través de la entrega de cargos a familiares de los juristas.
Como diría el dramaturgo francés Víctor Hugo: “Es extraña la ligereza con la que los malvados creen que todos les saldrá bien”.
Sin embargo, en este caso, al menos para que no se engavete como otros tantos, ya actuó la secretaría de Transparencia de la Presidencia de la República, que el pasado 24 de julio corrió “traslado de hallazgos con presunta incidencia penal – contratación alcaldía de Tunja”.
En ese documento se plantean las posibles irregularidades en la contratación de Juan Sebastián Ramírez, abogado que retiró demanda por nulidad electoral contra el alcalde y de Diana Alejandra Ibáñez Rodríguez, madre de una hija extramatrimonial del magistrado Luis Ernesto Arciniegas, quien hasta hace poco llevaba el caso en contra de Krasnov y a quien también relacionan desde la secretaría de Transparencia al considerar que pudieron existir irregularidades en las decisiones adoptadas, todas en contra de las pretensiones de la parte demandante.
Más allá de esto, todo sigue igual, con un gobernante que se les esconde a los medios porque no quiere dar respuesta a los cientos de interrogantes que las dudosas actuaciones de su administración dejan a diario, y peor aún, que cuando lo logran “acorralar” responde con frases cantinflescas que distorsionan aún más la realidad.
“Me vale huevo”, el slogan que ha hecho carrera en la administración de Mikhail Krasnov y contra el que muy pocos se manifiestan porque hasta nuestro sentido de identidad está pisoteado, regalando gorros rusos en nombre de la ciudad, esos a los que llaman Usankas y que tienen tapa orejas, como las que debe llevar a toda hora nuestro alcalde, ignaro en la cosa pública, pero magister en “importaculismo”.
