La sabiduría popular que normalmente se transmite de generación en generación y que refleja creencias o tradiciones del deber ser de una sociedad, ha estampado una serie de frases que normalmente se citan para describir de manera sencilla una situación o hasta para advertir que algo puede pasar.
Una de esas frases, a las que le llaman refranes dice: “la justicia cojea, pero llega”, dando a entender que tarde o temprano, la ley, bajo principios de equidad, pondrá las cosas en orden.
Sin embargo, en los últimos tiempos me está dando la sensación, no sé si a ustedes también, que cojea más de la cuenta. ¿Será por culpa del sistema de salud colombiano que no le ha atendido adecuadamente esa renguera y se le está agudizando?
No lo sé, lo cierto del caso es que la famosa frase con la que se cierran los Autos, órdenes, decisiones o fallos judiciales de “NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE”, está siendo cada vez más quebrantada que de costumbre, al menos para muchos casos conocidos en el departamento de Boyacá.
Por ejemplo, el NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE que acogía la medida cautelar de suspensión provisional del alcalde de Duitama, se conoció por primera vez el 14 de marzo de 2024. Tan solo tres meses después se hizo efectiva. En ese lapso de tiempo los demandantes tuvieron que presentar siete escritos más, para que la decisión se hiciera efectiva.
NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE, la pérdida de investidura de Jefferson Leonardo Caro Casas, como alcalde de Chiquinquirá, decisión asumida por el Consejo de Estado el 23 de abril de 2024. Hoy, dos meses y quince días después, sigue sin hacerse efectiva, porque dicen que es un caso único en Colombia llamado inhabilidad sobreviniente, en donde la cojera se vuelve crónica.
Pero la joya de la corona, es el proceso contra la elección del alcalde de Tunja Mikahil Krasnov, en el que el demandante lleva cerca de ocho meses insistiendo en que le admitan la demanda, pese a que uno de los NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE del Consejo de Estado le dijo al Tribunal Administrativo de Boyacá que se había equivocado al rechazarla y debía proceder a admitirla.
Claro que, para llegar a esa decisión, la parte accionante ha tenido que escribir cientos de folios e incluso demandar a los propios tribunales. Sin embargo, a la fecha, la mencionada acción jurídica no ha sido aceptada, es decir no ha iniciado trámite.
Y ojo, quiero remarcar que como autor de este escrito, no estoy diciendo y mucho menos exigiendo que los “acusados” sean de plano condenados. Simplemente, que, en apego a las leyes de nuestro país, se resuelva la situación y que el culpable pague y el inocente sea absuelto, porque mal se haría, dejar en el cargo a alguien que engañó a su pueblo y estafó a sus oponentes, o apartar al que legalmente obtuvo un reconocimiento popular, simplemente por las artimañas de sus contradictores, porque como dice otro refrán “la justicia tolerante es cómplice del maleante”.
Además, porque tampoco es bueno para nadie, gobernar o ser gobernado en medio de la incertidumbre o la especulación que genera la llegada del jueves, día en el que normalmente se conocen los NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE del Consejo de Estado: “hoy se sabe, de hoy no pasa, solo falta la firma de tal o cual magistrado”. Así es de incomodo gobernar, o si no, preguntarle al gobernador Carlos Andrés Amaya Rodríguez, sobre quien pesan 4 demandas por inhabilidad electoral, aún sin resolver.
Entonces, el llamado respetuoso a nuestros jueces para que impere la ley, sin darle paso al enredo y la dilación que son las que, al parecer, están haciendo carrera por estos días, lo que nos obliga a preguntar: ¿ y la justicia pa’ cuándo?
