Cuenta la historia que, en la antigua Grecia, las personas peregrinaban hasta lugares sagrados para consultar al oráculo y conocer el destino que le señalaban los dioses. Asimismo, reyes, gobernantes y personas influyentes, acudían a ellos para solicitar un consejo, el cual recibían como orden suprema e inquebrantable, porque, se suponía, venía directamente de un ser omnipotente.
Eso es lo que cuentan, porque estamos hablando de lejanas épocas, incluso de más de un par de miles de años antes de Cristo, cuando eran famosos los oráculos de Delfos, Dídima o Amón. Lo que no sabíamos, es que en la actualidad aún funcionan.
Funcionan, ya no para dar consejos, sino para armar concejos. Así lo consigna en uno de sus capítulos, la proterva enciclopedia que guía el actuar, en lo público, del alcalde de Tunja, Mikhail Krasnov, quien, sin olvidar su vocación de docente, aleccionó a un importante grupo de concejales de la ciudad, sobre esta materia.
Primero, en compañía de algunos de sus chamanes de gabinete, los reunió en una especie de “colegio concejalicio” y los llevó al lugar sagrado, una peregrinación que, si usted o yo hacemos, debe durar poco más de una hora, porque el oráculo Krasnoviano queda en medio de las montañas, confines entre “Ciudad del Baño” y “Río de la Esposa”, para que suene a relato griego, o simplemente entre Moniquirá y Togüí.
Allí, rendidos ante el Dios Baco, los peregrinos vieron cómo Krasnov, acompañado de la sacerdotisa o médium, se retiró al recinto sagrado para que la deidad le revelara su “Concejo”.
Ya entrada la madrugada, salió iluminado con el veredicto y las manos llenas de “divinas ofrendas” que complacidos recibieron los agalludos romeriantes. No sobra decir que los ungidos por el oráculo, para quedar en la mesa directiva, dejaron escapar lágrimas de alegría ante la noticia. Tampoco sobra decir que, en la sesión del día siguiente, como en la antigua Grecia, los peregrinos cumplieron, al pie de la letra, la orden suprema, porque se suponía, venía directamente de un ser omnipotente.
Ese, es el relato del oráculo Krasnoviano, que, en miles de años, si todavía existe la humanidad, la historia les contará a esas generaciones de tunjanos, quienes se preguntarán por qué sus antepasados permanecían impávidos ante el descaro y la manipulación de sus gobernantes o por qué, jóvenes que apenas olisquean el mundillo de la política y parecieran ser el cambio a las perversas costumbres que la convierten en una aberración, se arrodillan tan rápido ante la codicia.
Para esas futuras generaciones, será historia, relatos de tiempos oscuros, pero para usted, que está leyendo estas líneas, es la realidad; una ciudad con un mandatario sin rumbo, sin ideas claras, pero con la sagacidad para aceitar conciencias y abrirse camino sin que los llamados a ejercer control, puedan siquiera hablarle mirándolo a los ojos.
Por eso, en el Concejo del oráculo, las sesiones ordinarias que comenzaron hace un par de días, serán un bulo, los reparos volverán a ser mínimos e intrascendentes, el control político superfluo, sin que falte la arremetida contra los funcionarios de poco peso, para mostrar, falazmente, que se están defendiendo los intereses ciudadanos; también se escucharán discursos populistas, con los que se pretenderá congraciarse con el pueblo, porque simplemente serán reuniones entre mentes subastadas.
¡Ah!, y no se nos haga raro que las votaciones de los proyectos sigan quedando doce a favor, cinco en contra, porque como en toda congregación, hay elementos que no son dignos de estar ante la presencia del ser supremo, y el Concejo del oráculo Krasnoviano no podía ser la excepción.
